En defensa de la Globalización

antigloba

“Un místico es un hombre que ha rendido su mente en su primer encuentro con las mentes de otros. En algún momento de su lejana infancia, cuando su propia comprensión de la realidad chocó con las afirmaciones de otros, con sus órdenes arbitrarias y demandas contradictorias, cedió ante un miedo tan profundo a la independencia que le hizo renunciar a su facultad racional.”
Ayn Rand.

Los nuevos bárbaros no están en la Germania Superior ni tampoco la inferior: su germen brota en todo el mundo jaleada por los bueyes carcamales de la propaganda ideológica anarcoprimitivista y la izquierda indefinida de hoy, fracasada desde la Caída de la Unión Soviética, adoptando sin remedio un altermundismo de buen samaritano imbuido en una mentalidad mágica que ríe las gracias al irracionalismo islámico o los delirios indigenistas de rituales ancestrales “en peligro de extinción”.

Con una buena sarta de motivos podemos afirmar que el autodenominado Movimiento Antiglobalización que se hizo conocido en los noventa sobre todo gracias a la Batalla de Seattle, es un ataque frontal aunque desperdigado y desorganizado contra la racionalidad occidental y el avance científico y tecnológico. Dan buena fe de ello sus posturas ecologistas intransigentes que niegan la obtención de campos de cultivo o tierras a miles de campesinos en los países pobres, entre otras cosas. Porque, querido lector, los guerreros de la periferia de la Ciudad, como se quisieran ver grupúsculos de ellos, precisamente están destruyendo los anhelos reales de prosperidad económica que tienen los países del llamado tercer mundo, como Kenia. El caso Kenia es particularmente ilustrativo: la Unión Europea impide su crecimiento subvencionando a los agricultores del terruño primermundista y relegando a los africanos a la no-competividad que viene azuzada además por la falta de respeto hacia la propiedad privada que existe en el país safari. Sin incentivos, la eterna pobreza se prolonga agónicamente amortiguada por las ayudas internacionales que acaban generando dependencia cuando una economía globalizada haría que el país fuese catorce veces más rico.

Otro tanto ocurre con los plátanos de Canarias, cuyos cosechadores son mimados hasta el hartazgo, logrando que países sumergidos en la miseria que cultiven plátanos más grandes e incluso más deseados en el Mercado no tengan su oportunidad jamás. Los místicos altermundistas también alegan que “las culturas nativas se destruyen” pero, ¿acaso prefieren aislarlas del contacto occidental y que naciones enteras existan como mero exotismo para los turistas? Por otro lado es totalmente falso que por meter Mc Donalds se van a olvidar las costumbres y tradiciones folclóricas, más bien se da el caso contrario: se mundializan y todos podrán disfrutar de ellas. Si el té de burbujas taiwanés antes era escaso y autóctono de Taiwán, en la actualidad se vende en cualquier emporio de Europa o Estados Unidos. Así se podría obrar en países como Venezuela con comidas típicas como las arepas o las hallacas, productos de un sabor muy interesante. Y ello generaría el consiguiente empleo, el desarrollo, etc.

Las multitudinarias y agresivas protestas contra la Organización Mundial de Comercio revelan la confusión en el movimiento respecto a “quién es el Enemigo”. Y es que la Globalización no se produce por medio o gracias a la siniestra OMC, sino más bien a expensas de ella. Sí, es un obstáculo, está dominada por una miríada de Estados que ejecutan sus propios intereses estratégicos entre los que no suele estar el apoyo a la unión de las economías tercermundistas al comercio global, ya que serían futuros competidores. Taiwán pasó a ser en cuarenta años un hito puntero que salió de la escasez rural a las fábricas de aparatos de última tecnología, y lo mismo empieza a ocurrir en la China que ya ha desbancado a EEUU en la industria automovilística.

Si el comercio no cruza las fronteras sólo lo harán los tanques. Y la Historia está a la vista de todos una vez más, aunque como dijo Marx, la primera vez se produce como tragedia y luego se repite como comedia. Y eso es el MA, una comedia afortunadamente inofensiva del proteccionismo, el nacionalismo devorador, el estatismo totalitario y la cerrazón de los bárbaros ante un mundo nuevo.

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